miércoles, 8 de marzo de 2017

Naoko

Naoko


Recuerdo aquella tarde cuando creí ver entrar al bosque en mi recamara
alucinando luego de una siesta involuntaria
en el lapso de no saber si mi presente era un sueño o una realidad trastornada
en la fobia astral que me ata
con mi conciencia y espíritu en disputa
(queriendo mi vida salir, queriendo mi vida huir)
visualizo en mi mesa de noche aquel libro que compré con tanto orgullo,
era Tokio Blues de Haruki Murakami
y en seguida te recuerdo, Naoko.

Mis músculos congelados
en una inercia de conciencia atormentada
en este presente abstracto con mis recuerdos más cercanos
como un destello de luz brillante que cegó mis ojos,
surge un poema, como una idea implantada por alguien del más allá
o alguien que se encuentra en páginas polvorosas
y en la pequeña batalla de poder despertar de una siesta fantasmal
estás presente,
con tu agonía de apagar el sufrimiento cuando las horas ya no tocan.


En el Aokigahara bajo una rama de sauco
una cuerda y la suspensión fue la solución
sin lágrimas y remordimientos todo terminó
porque el cuerpo no importa cuando la mente está rota,
ni mucho menos cuando una bella pieza de Imari cae al suelo
no hay reparación,
porque ni elKintsugi no puede embellecer las cicatrices que en vida no se sanaron
y la llegada de la muerte vino a curar.


Frágil e inocente,
con la mirada perdida hacia aquel destello de luz que indica
que los suicidas no pasan a mejor vida
y que no hay final divino,
solo el final que escogemos ante el odio que el mundo nos tiene
el odio que nos tenemos
para que este se contagie en forma de culpa hacia quienes queremos.


Naoko perdió todas las batallas
bajo el sereno hipnótico
y la voz de la conciencia salvadora de Dios que se calla y nos ignora 
en aquel bosque maldito del nipón
sus demonios y tristezas hicieron celebración.

Yo, pierdo la batalla para poder despertar
de mí mismo, de la oscuridad
de este sueño astral
bajo los días que no mueren sin haber nacido que es mi hoy
de los tiempos oscuros que ahora me rodean
del tormento mismo que ahora me arropa
y del abrupto golpe de realidad que ahora me sofoca.

Cachalote
07-04-16

Edición 
05-10-16.








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